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	<title>Fotos de Incesto &#187; puta</title>
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		<title>Sexo con mi hermano</title>
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		<pubDate>Thu, 28 Jan 2010 10:54:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Achorro</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La calentura de una noche de verano que me dejó hambrienta y la relación sexual de esa noche con mi hermano, que era la primera vez, me ha marcado para siempre, pero no sólo no me arrepiento, sino que soy feliz y estoy entregada al sexo totalmente. Me llamo María, mido 1,73 y uso una [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La calentura de una noche de verano que me dejó hambrienta y la relación sexual de esa noche con mi hermano, que era la primera vez, me ha marcado para siempre, pero no sólo no me arrepiento, sino que soy feliz y estoy entregada al sexo totalmente. Me llamo María, mido 1,73 y uso una talla 38 y un 90B, tengo 26 años, soy bisexual y vivo en Valencia. Todo lo que voy a relatar es cierto.</p>
<p>Sucedió a fines de junio, cuando yo contaba 19 años. Un sábado de noche. Yo me había ido a cenar con un grupito de amigos y amigas y luego teníamos pensado ir a estudiar a la biblioteca de la universidad, ya que los exámenes estaban encima y no me quería descuidar, deseaba pasar un “buen verano”, ya me entendéis. Mis padres estaban en Madrid por negocios y para ver a la familia y mi hermano, suponía estaría con una de sus novias. Mi hermano Juan tenía 25 años, mide algo más de 1,80 y su polla era famosa entre las mujeres.<br />
<span id="more-457"></span><br />
Sobre las dos de la madrugada, dejé los libros sobre la mesa y me fui a la cafetería a tomar un café doble y a fumarme un pitillo. Después de descansar un poco y de hablar con algunos compas, me fui al baño y al pasar por el pasillo que lleva a él, oí a través de una ventana abierta, unos gemidos sexuales, me asomé un poco y vi a una conocida, que se estaba dejando “meter mano a gusto” por otra mujer. Nunca me imaginé a Marta siendo lesbiana o bisexual, así que salté por la ventana y me escondí, como una frustrada, detrás de un seto. Nunca se me había ofrecido la posibilidad de ser bisexual ¡lo habría aceptado aunque sólo fuese por probarlo!, pero sólo he sido poseída por hombres.</p>
<p>Así que allí escondida, me fui masturbando mientras aquellas dos mujeres se ponían moradas de placer. Cuando las dos se fueron, salté de nuevo la ventana, me introduje en el baño y me limpié los jugos que corrían por mis piernas. Pero al entrar de nuevo en la biblioteca, tenía a Marta, sólo dos mesas frente a mí, así que me volví a excitar, la miraba más a ella que a los libros y al final también ella me miraba a mí de forma especial, así que dejé los libros y me volví a casa ¡con una ganas de ser follada impresionantemente!</p>
<p>Al llegar a casa, oí más gemidos sexuales y me imaginé que sería mi hermano con la tía del mes, así que procuré no hacer ruido para no molestarles y odiándoles por no ser yo la penetrada, pero al pasar por la puerta entreabierta del salón, me di cuenta que los sonidos venían de la televisión, así que un poco extrañada, me asomé y vi a mi hermano, totalmente desnudo y haciéndose una paja, o sea, que se estaba masturbando viendo una peli porno. Allí tenía yo a mi hermano, con su famosa y hermosa polla de 20 cms. y gruesa como un brazo (eso decían las amigas). Eso, me puso ya más caliente que un horno de fundición de acero, mi hermano sin un coño y mi coño caliente y deseando eso que mi hermano tenía en su mano, así que empecé a masturbarme con locura, tanta que di con mi codo un golpe en la puerta y esta se abrió, mi hermano alzó su mirada y allí estábamos, él en el sillón pajeándose y yo de pie en la puerta, haciendo lo mismo.</p>
<p>Mi hermano Juan, reaccionó muy rápidamente, se levantó, vino hacia mí, levantó su mano derecha (me pareció que me iba a agredir), pero me acarició la mejilla y dijo en voz alta:</p>
<p>- ¡Vaya, parece que esta noche estamos condenados los dos a satisfacernos solos! Y yo, tragando saliva, dije muy bajito, – ¡Necesito esta noche hacer el amor, el sexo, ser follada, lo que sea, pero no quiero satisfacerme sola! Mi hermano me responde:</p>
<p>- ¡María, somos hermanos! Si no fuese por esa razón, hace ya tiempo que serías mía. Me gustas como mujer y sé por algún amigo tuyo que follas divinamente. Pero somos hermanos y eso podría ser un juego peligroso.</p>
<p>Yo le cogí por sorpresa su falo aún endurecido, se lo chupé, saboreé su semen y le dije con toda mi cara:</p>
<p>- ¡Yo solo veo un cuerpo que me gusta y toco una polla que deseo y necesito! ¡Si no lo hacemos hoy, no lo haremos nunca! Necesitamos sexo los dos ¿qué lo impide?</p>
<p>Mi hermano Juan me volvió a acariciar el rostro, se fue a la TV, la desconectó y tal y como estaba yo, aún vestida, me levantó, me tiró sobre el sofá, me apartó la minifalda, me arrancó las bragas y tirándose encima de mí y sin ningún miramiento, me penetró salvajemente. Grité de dolor, de sorpresa. No tuvo ningún reparo. Su grueso miembro entró con fuerza en mi interior, destrozándome, partiéndome en dos, separando mis piernas bruscamente. A pesar de estar súper mojada, me dolió y empecé a llorar mientras mi hermano la seguía metiendo y sacando con toda su fuerza, aplastando mi clítoris y dilatando brutalmente mi vagina, de repente me dice:</p>
<p>- ¡Nena, esto es solo sexo, relájate, que lo bueno vendrá más tarde! Tú lo has dicho antes, si no lo hacemos esta noche no lo haremos nunca, pero la noche es muy larga. Así que disfruta de cada segundo. Ahora, vaciemos los dos nuestra frustración, así luego el placer será verdadero placer.</p>
<p>Eso me relajó y empecé a disfrutar de lo que tenía en mi interior. Me fui relajando y me giré un poco para que entrase mejor. Mi hermano dijo:</p>
<p>- ¡Parece que la niña goza ahora!</p>
<p>¡Niña, me había llamado niña! Iba a demostrarle que si él era hombre, yo también era mujer, así que empecé a mover mis caderas lentamente, dejando que el bruto de mi hermano terminase “su trabajo” ayudado por mí. Su miembro me destrozaba, era muy gordo, pero me estaba dando un placer enorme y empecé a correrme, mi hermano cogió no sé de donde, unas servilletas y las puso bajo mi culo para no manchar el tejido del sofá. Una, dos, tres veces me corrí y estaba fuera de mí. Tenía encima un macho que me la estaba clavando de verdad, abriéndome las piernas como nunca lo había hecho nadie y encima ¡era mi hermano!</p>
<p>De repente noté que se iba a correr él y le ayudé, le cubrí de besos, de caricias… y me llenó de su semen. Semen de macho, de hombre… de hermano. Cogí su rostro con mis dos manos y acerqué mis labios a los suyos, le besé lentamente y él me cogió y me besó con pasión, con fuerza, con rabia, con deseo, nuestras lenguas se ataban y se desataban, nuestros labios deseaban ser fijados y clavados. Y cesó de repente. Mi hermano me miró, sacó su miembro de mi interior y se levantó. Y entonces me dijo:</p>
<p>- ¡Esta noche puede ser muy larga!  ¿Deseas tú también que lo sea?</p>
<p>Asentí con la cabeza mientras sonreía al pensar que todo ese enorme pedazo de carne sería mío para siempre. Lo tenía en mi casa y no pensaba dejarle que se vaciase en el coño de otras, lo que podía ser para mí. El se fue hacia la barra del bar, puso dos whisky y yo me levanté y empecé a desnudarme. El me miró y dijo:</p>
<p>- ¡Espera! María, he oído en las discotecas que frecuentamos que eres muy sexual y caliente, incluso hace unos meses me peleé con un “amigo” tuyo por decir que eras una puta en la cama. Te he penetrado de esa manera brutal, no sé por qué razón, pero me he dado cuenta de que disfrutabas y me has hecho disfrutar, pero pocas hubiesen aguantado lo que has aguantado tú con mi grueso miembro. Yo soy morboso y muy vicioso. ¿Hasta dónde puedo llegar contigo?<br />
Yo solo le dije:<br />
- ¡Haz en mi tus mejores sueños sexuales y tu puta personal si lo deseas!</p>
<p>Y eso es lo que ha hecho de mí. Se me acercó, me dio el vaso de licor, me empujó sobre el sofá, encendimos unos cigarrillos y de vez en cuando, me cogía y me quitaba una prenda de ropa y así hasta que me desnudó totalmente, mientras pellizcaba mi clítoris. Apagó el cigarrillo en el cenicero, cogió un cigarro de la mesa de centro, me abrió las piernas y me lo fue introduciendo por mi súper húmeda rajita, yo estaba excita y no tardé en correrme otra vez. Mi hermano encendió el cigarro, lleno de mis jugos y me lo dio a fumar, al ver mi cara un poco asombrada me dijo:</p>
<p>- ¡No lo olvides, eres mi puta y harás todo lo que yo te pida! ¿Estás de acuerdo? ¿O realmente no eres la mujer que me han dicho y que tú presumes? Yo asentí un poco asustada por el tono de su voz, pero algo hizo que me corriese por el cuerpo una larga descarga eléctrica y de todo corazón, le dije:- Juan, hasta hoy eras sólo mi hermano y desde hoy serás todo lo que desees ser y yo seré todo lo que desees que sea. Mi límite será siempre, el que tú decidas.</p>
<p>Y para hacérselo ver, empecé a fumarme el primer cigarro (puro), de los miles de cigarros que he fumado hasta hoy. Me cogió las piernas y me las separó más, me estiró hacia delante, poniéndome el coño en el borde del sofá, metió su cabeza entre mis piernas y empezó a follarme con su lengua mientras sus manos cogían mis pechos y me los apretaba duramente. Empecé a correrme, empecé a entregarme a él, entre el humo del cigarro que me tragaba y me mareaba, el “trabajo” que me hacía y del que yo disfrutaba como una loca, mis fluidos salían constantemente. De repente, mi hermano me quitó el puro y lo dejó en el cenicero, me cogió en sus brazos y me llevó a su habitación, me tumbó en la cama y me penetró otra vez con fuerza.</p>
<p>Me rendí, me entregué totalmente a él, mi cuerpo iba de un lado al otro de la cama. He estado con tres hombres a la vez, he estado en varias orgías, pero nunca sentí nada parecido. Éramos dos bestias follándonos mutuamente, sabía que no había marcha atrás, era consciente de que mi hermano era el hombre perfecto para mí. ¡Cómo iba a existir un hombre más perfecto para mí, que mi propio hermano! Lo comprendí de inmediato, tenía que demostrarle a mi hermano que ya no era “la niña”, sino la puta que deseaba. Así que mientras le abrazaba y besaba, entregada totalmente al macho, le dije:</p>
<p>- Juan, rómpeme el clítoris, destroza mi vagina, hunde mis ovarios en el estómago, jódeme con toda tu fuerza y pasión y luego, ¡ábreme el culo! Me han dado varias veces por allí, pero si me metes tu polla, seré verdaderamente tu puta. No te preocupes por mi dolor, así tú y yo sabremos para siempre, que realmente mi culo, ha sido abierto por mi hermano. – ¡María, estás loca!, mi polla es muy gruesa. – Juan, te quiero todo para mí y para siempre, ¿lo comprendes?</p>
<p>Y si, lo comprendió. Terminó de follarme, descansó un rato a mi lado, se levantó y de su mesita de noche, sacó un tarro de vaselina, me dio un beso en los labios, me sonrió y me preguntó:</p>
<p>- ¿Estás segura?</p>
<p>Yo asentí. Me dio la vuelta, me puso un cojín bajo el estómago, me untó el culo con vaselina y empezó a penetrarme con un dedo, me daba más masajes y metió un dedo más. Yo empecé a masturbarme como una loca. Me metió un tercer dedo, mi culo parecía se iba a romper, me quejé y mi hermano me dijo:</p>
<p>- Hasta que no te meta cuatro dedos, no te encularé. Si quieres, lo dejamos.</p>
<p>Yo pensé ¡cuatro dedos, me va a matar!, pero no contesté y seguí masturbándome. Poco después, entró el cuarto dedo en mi culo. Subía un calor horrible, el placer era más inmenso que el dolor, nunca había estado así. De repente, salieron los cuatro dedos de mi culo y mi hermano volvió a untarme más crema. Se puso de rodillas frente a mi cara y me dijo:</p>
<p>- ¡Mámamela, ponla dura y engrásala con tu saliva y mira bien lo que te voy a meter!</p>
<p>Y la miré bien y cuando la intenté meter en mi boca me di cuenta realmente del grosor de ese cipote. Contemplé lo bien que le había ido la operación de fimosis que le hicieron a los 12 años, su capullo era inmenso y maravilloso. Como pude la mamé, la engrasé y la preparé debidamente. Se levantó, se metió detrás, me cogió por los dos glúteos y me los separó.</p>
<p>Noté como la ponía en “la puerta” de mi ano y como empezaba a empujar. Lo intentó varias veces, yo lloraba de dolor y de deseo ¡quería eso en mi culo y no me importaba el precio! De repente se levantó, cogió un gran trapo (no sé lo que era), y me lo puso como mordaza en mi boca. Apoyó su glande en mi culo y para mi desesperación no entró, el dolor si lo hizo. Pero volvió a empujar y dio un alarido enorme y yo un enorme grito de dolor y de desesperación que ahogó el trapo.</p>
<p>Lo tenía dentro de mí… totalmente dentro de mí. Perdí durante unos segundos el sentido y cuando lo recuperé, mi hermano seguía metiéndolo y sacándolo. El dolor era enorme, el calor, abrasador, pero poco a poco fue cediendo paso al más extraordinario placer que nunca había conocido y empecé a masturbarme de nuevo y me quité el trapo de la boca. Instantes después y agarrándome de las caderas fuertemente, se corrió en mis intestinos. Las sábanas estaban llenas de mis jugos y de su semen. Al fin, los dos caímos destrozados, cansados, vacíos, secos y muy felices.</p>
<p>Y yo empecé una nueva vida sexual, que me ha hecho inmensamente feliz. Hace dos meses me casé, pero soy y seré siempre de mi hermano. Es el único hombre al que quiero, es el hombre de mi vida. Pero eso será otra historia, si este primer relato de mi entrega a mi hermano, ha gustado. No tengáis prejuicios de relaciones sexuales entre hermanos. Si cerráis los ojos, o apagáis la luz, sólo somos dos cuerpos que se aman.</p>
<p>Autora: María.</p>
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		<title>Papi le roba las bragas a su hija</title>
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		<pubDate>Sat, 09 Jan 2010 14:51:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Achorro</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Y esta lo pilla masturbándose con ellas, y así empieza la fiesta!]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Y esta lo pilla masturbándose con ellas, y así empieza la fiesta!<br />
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		<title>Un día de incesto</title>
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		<pubDate>Tue, 05 Jan 2010 10:36:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Achorro</dc:creator>
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		<description><![CDATA[A diferencia de otros sábados, Sonia se levanta muy temprano para preparar su casa. Tiene visitas. Su hermana mayor, Marta, viene de viaje con su familia. No la ha visto desde hace siete años, cuando se fue al extranjero junto a su esposo. Le avisó hace un par de semanas atrás que tomaría unas vacaciones [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>A diferencia de otros sábados, Sonia se levanta muy temprano para preparar su casa. Tiene visitas. Su hermana mayor, Marta, viene de viaje con su familia. No la ha visto desde hace siete años, cuando se fue al extranjero junto a su esposo. Le avisó hace un par de semanas atrás que tomaría unas vacaciones y que aprovecharía de visitarla. Asea la casa con dedicación y, previo baño, se dirige al aeropuerto para recibirla. No pasa mucho tiempo cuando ve aterrizar el avión.</p>
<p>Luego de los abrazos de rigor para ella, su esposo y sus dos hijos, suben al auto de Sonia rumbo a su casa. Durante el trayecto faltaban las palabras para relatar las historias que se vivieron mientras se hallaban fuera del país. Al llegar, todos se dan largas duchas con agua tibia. El viaje fue largo y agotador. Sin embargo, después del almuerzo, nadie toma siesta. Hay muchas cosas que hacer, lugares que recorrer y el tiempo, como siempre, es un bien escaso.<br />
<span id="more-427"></span><br />
Marta y Sebastián, su esposo, salen a pasear por la ciudad junto a su hijo, David. ¿Y Cristóbal? preguntó Sonia. Él ya salió a recorrer su antiguo barrio, estaba muy ansioso y no quiso esperarnos le respondió Marta. Sonia quedó un tanto inquieta, después de todo, la ciudad ya no es la misma y Cristóbal sólo tiene… 19 años. Cuánto tiempo ha pasado piensa Sonia. La última vez que lo vi apenas era un mocoso de doce. Marta se da cuenta de que su hermana está preocupada por su hijo. Sonia, no te preocupes. Tiene un poco de dinero para movilizarse y es bastante responsable. Verás que lo encontraremos y si no, él sabrá cómo volver hasta aquí. Con esas palabras, Marta se despide y se marcha, prometiendo volver en unas cuantas horas más. Antes de eso, Sonia le presta una copia de las llaves de su departamento. Esperaba una llamada y tal vez tendría que salir. Se asoma al balcón y ve cómo la familia de su hermana se va de paseo. Un esposo, un par de hijos preciosos… no sabe el tesoro que tiene consigo reflexiona Sonia mientras los ve alejarse. A veces tiene sus momentos de ternura.</p>
<p>Mientras termina de lavar los últimos platos, escucha que alguien golpea la puerta. Era Cristóbal. ¿Qué paso, no te encontraste con Marta? Él le responde que, a poco andar, se dio cuenta que había olvidado su billetera. Tenía mucho calor, quise comprarme una bebida y como no tenía dinero, volví. Me voy a dar otra ducha, estoy completamente sudado. La verdad es que hacía mucho calor y la alta humedad ambiental hacía que los cuerpos no dejasen de sudar. Fue a la habitación donde habían dejado sus maletas y cerró la puerta. Sonia volvió a la cocina para terminar de guardar los platos, cuando escuchó sonar su celular, que estaba en su dormitorio.</p>
<p>Mientras se dirigía hacia allá, se dio cuenta que Cristóbal no había dejado la puerta bien cerrada. Iba a tomar la manilla de la cerradura, cuando pudo ver que su sobrino estaba completamente desnudo, buscando ropas entre las maletas. Él no advirtió nada, le daba la espalda a la puerta. En verdad, cuánto tiempo ha pasado. Para tener 19 años, tiene un cuerpo bastante bien formado. ¿Hará ejercicios?. Un nuevo ring del celular la hizo reaccionar. ¡Por favor!, es mi sobrino. Mejor contesto el celular. Fue a su cuarto y respondió. Era la llamada que estaba esperando, Mientras hablaba, se dirigió a la ventana de la habitación, para tener una mejor recepción de la señal. Hablaba al mismo tiempo que miraba la ciudad, gris e infinita, cuando, de repente, se dio cuenta por el débil reflejo de uno de los vidrios que Cristóbal estaba en el umbral de su cuarto, mirándola detenidamente, de pies a cabeza.</p>
<p>Ella pensó voltearse, pero desistió. No se ha dado cuenta que sé que está ahí pensó y siguió hablando. La conversación fue un tanto prolongada y en todo momento, Cristóbal no le sacaba los ojos de encima a Sonia. Ella se despide de su interlocutor y, como sospechaba, ve que el hijo de Marta se aleja, con suma cautela y sin el menor ruido. Apagó el celular, se sentó en la cama y analiza la situación. El muchacho no me ve desde hace siete años y puede ser que no sienta un fuerte lazo familiar hacia mí. Además, siendo hombre, no me parece extraño que tenga fantasías sexuales conmigo. Soy su tía, vivo sola en un departamento, soy joven y, modestia aparte, tengo un agraciado cuerpo. Además, debo reconocer que el chiquillo me excitó, aunque haya sido levemente. Luego de esto, recordó que su hermana Marta le dijo que se tomarían toda la tarde para recorrer la ciudad.</p>
<p>Mientras escuchaba correr el agua de la ducha, decidió cambiarse de ropa. Este pantalón no es el más sexy que tengo, mejor me pongo el vestido largo. Ese es un vestido bastante tradicional, pero que dejaba ver el escote con disimulo y buen gusto. Sonia ya lo había decidido. Lo más probable es que, después de estas vacaciones, no vuelvan en unas cuantas temporadas más. Le daré a Cristóbal algo de qué fanfarronear con sus amigos de la universidad. Al salir de la ducha y mientras se vestía, Sonia le comentó que la llamaron para una junta de negocios. Nada formal, pero debía ir. El muchacho no demoró en vestirse. Al salir del cuarto, ve que Sonia llevaba unas carpetas en sus brazos, supuso que con documentos. Él la siguió, en plan de abandonar la casa juntos.</p>
<p>Repentinamente, ella se dio media vuelta. La distancia entre ambos era breve, al tropezarse con Cristóbal, las carpetas caen de los brazos de Sonia. Ella se agacha a recogerlas, Cristóbal también. Por supuesto, nada fue accidental. Ella sabía que, con ese vestido y en esa posición, él no le sacaría la vista de sus pechos. Y así fue. Mientras ordenaba los papeles, le dice a su sobrino ¿te gusta lo que ves?. Inmediatamente, él la mira directo a los ojos, con una expresión de sorpresa y de no haber entendido bien, aunque sabía a la perfección que sí había entendido. Dije que si te gusta lo que ves reiteró Sonia, realzando su prominente busto.</p>
<p>El muchacho vio tamaños monumentos de carne, la miró a los ojos, volvió a fijar la mirada en sus pechos y dijo que le gustaba mucho lo que veía. Seguro no es virgen, pero tampoco experimentado pensó por el modo de actuar de Cristóbal. Se levantaron y, dejando las carpetas en la pequeña mesa que estaba a un lado de ellos, Sonia le invitó a ir a su habitación. Lo tomó de una de sus manos y lo llevó hasta el cuarto. Cerró la puerta con llave, sin sacarle la vista de encima a su sobrino. Luego, fue hasta la ventana y juntó las cortinas, traslucidas desde el interior. Sin dejar de mirar hacia la calle, le pidió a él que le bajara el cierre del vestido. Cristóbal acata la orden y ayuda a Sonia. Ella advirtió que el muchacho estaba nervioso, por el tacto de sus manos. Una vez con el vestido completamente abierto, se lo saca y queda completamente desnuda, lo aleja con los pies, se da media vuelta y le da un beso carnoso a su sobrino.</p>
<p>Él se relajó por completo. Luego, Sonia se recuesta en la cama. Cristóbal comienza a desnudarse de manera apresurada. Ah, ah, ah le dice antes que de que él se le lance encima. Puedo ver que estás listo dijo mirando su miembro erecto, pero yo no lo estoy, así que tendrás que excitarme primero. Después te acostarás conmigo. ¿Qué quieres que haga? dijo Cristóbal. Acaríciame, respondió Sonia. Acaríciame de pies a cabeza. Él comenzó por los pies. Con sus pulgares, recorría la planta de los pies de Sonia, haciendo círculos en ellos. Ella sentía un placer ligero, pero acogedor. Luego, recorrió lentamente las piernas, esas largas y moldeadas piernas, forjadas al calor de las clases de aeróbica que toma tres veces por semana.</p>
<p>Cuando Cristóbal estaba por llegar a su monte de Venus, Sonia se dio media vuelta y le pidió que acariciara sus nalgas. Ese masaje sí fue estimulante para ella. Él iba a continuar hacia la espalda, pero Sonia pidió que siguiera con el masaje en sus glúteos. Al cabo de unos minutos, le dio la orden para que subiera hasta la espalda. Cristóbal recorrió las caderas, luego la cintura, el torso y los hombros. Sonia estaba lista desde hacía rato, pero prefería que el muchacho terminase lo que había empezado. Finalmente, puso sus manos sobre el cuello. Lo acariciaba de manera similar a como lo hizo con sus pies. Sonia le dijo que ya era suficiente, se dio otra media vuelta y le dijo que se acostara a su lado. Yo estaré arriba le susurró. Él asintió con la cabeza y se dispuso en la cama. Sonia abrió el cajón de su velador y sacó el envase de un preservativo, lo abrió y se lo puso a su sobrino. Luego, se sentó sobre su miembro, el cual la penetró fácilmente, ya que ella estaba excitadísima y sus labios estaban muy lubricados.</p>
<p>Él quería comenzar rudo desde el principio, pero ella lo detuvo. Vamos a hacer esto con calma, lentamente. Confía en mí, verás que lo disfrutarás mucho. Además, tenemos toda la tarde. Cristóbal se dio cuenta que estaba con una experta. La tomó por las caderas y la apretaba en contra de su cuerpo, dándole penetraciones largas y profundas. Eso es exactamente lo que quería que hicieras dijo Sonia, con la voz entrecortada. Así estuvieron por unos minutos, cuando sin previo aviso, Sonia se separó, se puso en cuatro piernas y le pidió a Cristóbal que le diera sexo anal. Esta vez quiero que sea muy duro, dame penetraciones fuertes y rápidas.</p>
<p>Puedes sacarte el condón si lo deseas. Él se retiró el preservativo, tomó nuevamente a su tía de las caderas y, mirando su miembro y el ano de ella, acercó su pene y comenzó a introducirlo lentamente. Cuando su glande ya estaba dentro de Sonia, introdujo el resto de su carne con gran fuerza. Ella gimió, luego dio un suspiro y Cristóbal comenzó su frenético ir y venir. Ella gozaba la potencia del muchacho. Entre tanta exaltación, le preguntó si hacía ejercicio. Él le respondió que practicaba natación desde hacía cuatro años. Entonces, dame más fuerte, más duro le gritó Sonia. Cristóbal comenzó a darle penetraciones muy fuertes, no tan rápidas, pero más profundas. Sonia ya estaba gritando como suele hacerlo cuando está a punto de llegar a su clímax. Y casi al unísono, ambos lograron tener un orgasmo.</p>
<p>Sonia, rendida por el momento, se dejó caer sobre la cama, lo mismo que Cristóbal, quién quedó sobre su espalda sin dejar de penetrarla. Él comenzó a besarle el cuello, lamer sus orejas, acariciar sus brazos. Ella pudo darse cuenta que Cristóbal no lo hacía nada de mal, además se comportaba muy tiernamente. ¿Tienes pareja? le preguntó. Él le dijo que se llamaba Daniela y que estaban juntos desde hacía año y medio. Ella me enseñó a amarla, entendí que el sexo es para darle placer a la mujer. Antes, me preocupaba solamente de quedar satisfecho, ahora quiero que las mujeres con las que tengo relaciones queden completamente satisfechas. ¿Acaso le has sido infiel a Daniela? le preguntó Sonia. No hasta ahora le respondió Cristóbal. Ella se dejó querer un poco más y luego de unos breves minutos, le dijo a Cristóbal que quería el segundo round. Escucha bien lo que te voy a pedir le dijo a su sobrino. Sonia le dio las instrucciones con detalle. Primero, él debía arrodillarse y luego sentarse sobre sus piernas.</p>
<p>En esa posición, Sonia se sentaría sobre su miembro. Luego, ella se echaría hacia atrás, para que Cristóbal se inclinase hacia delante. Por último, él tomaría ambas piernas de Sonia y las pondría contra sus hombros, de tal manera que él al empujar hacia delante, abriría a Sonia de par en par. Así lo hizo y, desde el principio, Sonia gemía de placer. Esa era una de posiciones favoritas. Cristóbal le empezó a penetrar muy duro y de manera insistente. En esa disposición de su cuerpo, él podía ejercer mucha fuerza sobre su tía. En ese momento comenzó a volverse un tanto vulgar. Te voy a culear hasta llenarte de semen le dijo entre tanto ir y venir.</p>
<p>Ella, lejos de indignarse, se excitó aún más. A pesar de que recordó que Cristóbal no se había colocado un nuevo preservativo, no tuvo la más mínima intención de parar su goce. Al final, hoy no es mi día fértil pensó. Él acabó, ella estaba a punto, cuando usando sus piernas, lo empujó, nuevamente se puso en cuatro piernas y le dijo esta vez, que no se te olvide acariciarme el clítoris cuando me estés penetrando. Dicho y hecho, él le daba penetraciones más exageradas que la primera vez, sus dedos se hacían pocos para sobar su clítoris, hinchado de tanto placer. Con la mano que le restaba, Cristóbal pellizcaba los pechos duros de Sonia. Ella no paraba de jadear y él, ya un tanto agotado, la penetraba duro, profundo y sin prisa.</p>
<p>Al acabar, nuevamente descansaron tendidos en la cama. Luego de unos minutos, se dieron una ducha para limpiarse el sudor de sus cuerpos. Por supuesto, en el baño se dieron buen gusto. Sonia, cual policía, puso a Cristóbal contra una de las paredes del baño. Con el jabón en mano, le recorría la espalda, luego las piernas y después, soltó el jabón para agarrar su miembro y comenzar a masturbar a su sobrino. Inmediatamente se dio cuenta que él lo disfrutaba mucho y, por eso, empezó a darle una agitación muy fuerte, intensa y rápida. Parecía que le iba a despellejar el pene de tanto ánimo que le puso. Él sólo suspiraba y decía más fuerte, más rápido. Cuando estaba a punto de eyacular, le tomó la mano a Sonia, la sacó de su carne, se dio media vuelta y, tomándola por los hombros, la instó a arrodillarse. Ella no necesitó mayores explicaciones. Tomó el miembro con ambas manos y se puso de lleno en su boca. Dos chupadas bastaron para que él le vaciara toda su esperma, blanca y abundante.</p>
<p>Ella le lamía todo su jugo, al tiempo que le limpiaba los restos que quedaban alrededor de su pene. Al terminar, ella le dijo quería ser montada. ¿Acaso no te cansas? le preguntó Cristóbal. Ella sonrió. Le rodeó una cadera con una de sus piernas, le instó a sujetar su trasero y cuando lo hizo, se montó en su carne. Por supuesto, esto cansaba mucho a Cristóbal, pero ella lo reconfortó diciéndole que, al terminar, le prepararía un buen plato de comida. Te quiero muy vigoroso para esta noche. En ese momento, Cristóbal comenzó a preocuparse. Si seguían en la noche, despertarían sospechas. No te preocupes, no te pasará nada malo.</p>
<p>Sonia sabía muy bien que Cristóbal no sería descubierto, porque Marta le había comentado antes de salir que, por la noche, irían al casino a jugar y bailar. Además, ya se había dado cuenta que la comunicación entre él y sus padres era la que se acostumbra a tener entre adultos y adolescentes: prácticamente nula. Y ella sacaría partido de la situación.</p>
<p>Autora: Sonia</p>
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