Fotos de Incesto

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Natalia su padre y yo


Conocí a Juan en la mili y con un amplio grupo nos hicimos muy amigos. Amistad que perduraba incluso mucho tiempo después del servicio militar. En dicho servicio vivimos un fajote de experiencias que nos unieron férreamente, dando paso a una amistad que quizá duraría para siempre. Él vive en Madrid y como que yo trabajo de promotor comercial a menudo visito Madrid, también a menudo le hago una llamada para tomar una cerveza y charlar o ir a visitarlo a su casa. Él se casó hace ya tiempo con una hermosa mujer. Elisa. Dulce, agradable y sincera es la meta por la cual luchó Juan durante mucho tiempo. Mi relación con Elisa es la habitual de “mujer de amigo” / “amigo de marido”. Siempre me he llevado bien con ella, gracias a que no hay sitio para llevarse mal con una mujer tan excepcional.

Juan tiene también un par de hijos. Un chico que se llama Pedro que debe tener unos 17 ó 18 años y una chica Natalia que tiene un par de años más. Tanto Pedro como Natalia han sido criados por dos envidiables padres y consecuentemente están dotados de casi las mismas virtudes de sus predecesores. Juan trabaja en unas oficinas que caen en el barrio de la estación y la mayoría de veces me encuentro con él en el bar -oasis- que cae cerca. Aunque alguna que otra vez también he visitado su casa para comer con él. En concreto ha sido hoy que este mediodía he comido en su casa en compañía de toda su familia.

Elisa nos preparó un suculento “pollo con nabos”. Hay que reconocer que en pocas casas o restaurantes he comido tan bien como lo he hecho hoy y otras veces en casa de Juan, Elisa podría revelar valiosísimos secretos de cocina al mejor restaurante. En acabada la comida nos sentamos a charlar un rato sobre cosas que afectan a mi vida o a la suya. Vidas que si bien en su día corrían bastante paralelas, hoy corrían por senderos muy diferentes. Él trabaja de funcionario en la administración de tráfico. Cosa que le aligeraba mucho los sufrires laborales pues trabajar por el gobierno es algo que te quita muchas preocupaciones pues tu empresa no va a quebrar nunca.

Yo, ya he dicho, que trabajo de viajante comercial de una empresa de productos de ferretería. Si bien esta es una posición bastante estable, sigo teniendo aspiraciones a puestos más altos en la empresa. El parámetro que hace más diferentes mi vida de la suya es la pareja. Él está casado y con hijos desde hace un montón de años mientras que mi vida sentimental no ha hecho más que subidas y bajadas y estoy hoy mismo sin pareja. Estábamos hablando de estas y más cosas en la sala mientras digeríamos el “pollo con nabos” con Juan abrazado en el sofá al lado del mío, con su hija Natalia que pensaba en cualquier cosa menos en nuestra pesada conversación. La mano de Natalia acariciaba el muslo de Juan muy cerca del entrepierna. Yo no le di importancia pues se trataba de un abrazo padre / hija que de ninguna manera revestía el significado que hubiera tenido esa actitud en otras dos personas diferentes.

Pero la cosa subió de nota, no se cuantos segundos hacía que pasaba cuando me fijé que la mano de Natalia estaba acariciando justo encima del entrepierna de Juan. Le estaba acariciando afanosamente el pene. En ese mismo instante yo me callé de golpe. Ni que quisiera hubiera podido articular ni una palabra. Natalia estaba masturbando justo delante mío a su propio padre que ante mi silencio abandonó la conversación para dedicar sus atenciones a la mano de Natalia. La mano de esta acariciaba subiendo y bajando el bulto que se había formado en los pantalones de Juan. Ni que decir que debía estar su pene más empalmado que un cirio.

Natalia desabrochó los pantalones de Juan dejando ver lo presumible: que estaría el pene empalmadísimo. Prosiguió ahora la masturbación pero ahora tal como se hacen las cosas; con la mano directamente sobre el pene. Mis ojos aun estaban abiertos como paellas. Y más se abrieron cuando Juan me sonrió, revelándome que eso era una actitud habitual en su casa. Natalia no estaba precisamente para bromas y empezó a besar el pene, pensé yo que no tardaría ni un minuto en metérselo entero en la boca.

¿Pero que pasaba? ¿Estaban Juan y Natalia jugando conmigo? ¿Solían hacer esto a diario? Me encontraba en una de las situaciones más incómodas que he vivido en mi vida y decidí levantarme para abandonar la sala. En esto que Juan me dijo: No, Roberto, no te vayas hombre, únete a nosotros. No tienes novia ¿no? Pues adelante, porque privarse de ello. Yo le dije: ¡pero Juan! esto es de locos, Natalia es tu hija y ahora te está comiendo la polla. Él dijo: ¿que pasa? qué ¿en el colegio los curas te comieron demasiado el coco? Esto no tiene nada de malo. Tanto yo como ella nos lo pasamos bien y si nadie se entera nunca tendremos problemas por practicarlo. Yo dije: en parte tienes razón, quizás los curas si me comieron el coco.

Solo me mantuve unos segundos derecho al lado de la puerta aun con la cabeza llena de dudas cuando Natalia dijo: venga guapo, ponte a mi lado que nos vamos a pegar una fiesta increíble. Vale, venga (dije) y me senté en el mismo sillón al lado contrario de Juan. Natalia estaba en el medio con Juan a un lado y yo al otro.

Natalia siguió comiéndole el pene a Juan toda golosa y ante su ignorancia yo empecé a acariciarle las piernas. Llevaba un veraniego vestido que disponía de minifalda y un bonito color azul. Aun no estaba yo muy seguro de lo que estaba haciendo cuando me dijo Natalia: ¡adelante! Esa palabra infundió en mi un coraje que rompió el hielo y mi mano acarició el muslo de Natalia ya por debajo de la falda.

Mientras ella no dejaba de comer el pene de su padre yo la acariciaba por el costado y le besé el hombro. Cogí su mano y la acariciaba como lanzando un mensaje de ¡eh! aquí estoy yo! Ella recibió correctamente el mensaje pues se sacó el pene de la boca y girándose a mí se lanzó a besarme en la boca. Mmmmmm, que bien que sabían esos labios, le cogí ambos pechos con las manos como si la abrazara por delante mientras sus manos desabrochaban mi pantalón. Abrí los ojos tan solo un instante para observar que Juan nos miraba calmado. A lo que estuvo fuera mi pene, ella se lo metió en la boca igual que hacia un instante hizo con el de su padre. Mmmmmm, la chupaba de maravilla, se ve que tenía ya una chupadora experiencia.

No olvidó Natalia el pene de su padre y mientras me chupaba a mí con la ayuda de una mano, con la otra mano no dejaba que se desinflara el miembro de Juan. Las manos de este fueron bajando el escote de Natalia acariciando unos pechos hermosísimos. Y es curioso pero mientras ella me mamaba la polla, él le comía los pechos. Las atenciones de su papá se dirigieron entonces a la entrepierna de Natalia. Le levantó la falda y una vez fuera braguitas, le empezó a meter el dedo.

Fue entonces que Natalia se giró de nuevo lanzándose a los labios de su padre. ¿Estaría prevista una penetración? pensé yo. La verdad es que tenía dudas sobre si solían Juan y Natalia hacer el amor como si de una pareja normal se tratara. Natalia gemía, el dedo de su padre parecía tener ya su sitio reservado en su sexo que masturbaba con fulgor arrancándole gemidos de placer a su hija. Aun no he olvidado la energía que despedían esos gemidos: ooooooh, ooooooh. Me dio envidia no sentir ese placer bestial que sentiría esa ninfa mientras era amada por su padre.

Fóllame papá: dijo Natalia. Pero su padre le respondió que no, que ese lujo se lo reservaba hoy a mí. Que en muestra de aprecio y afecto me le era entregada. Natalia lo asumió con aprecio también y se sacó el vestido y toda la ropa que llevara. Me dijo que me la sacara yo también toda que le gustaría más si yo estuviera totalmente desnudo.

Así lo hice pues resultando complacido con un tan lindo cuerpo deseaba también yo ofrecer lo más que pudiera. Natalia se estiró de lado a lo largo del sofá apoyado su extremo superior en el cuerpo de Juan. Le siguió comiendo el rabo y me dijo: va Roberto, metémela. Me dijo levantando la pierna y mostrándome una sugerente posición.

Yo no esperaba con más ilusión otro tipo de aviso y con un poco de maña le apunté el pene en la entrada de su depilado sexo. Tengo un pene de dimensiones normales, Juan si que podía enorgullecerse de tenerlo gordo. Ya desde los tiempos del servicio que conocíamos todos que gastaba Juan un rabo de palmo. Ahora que le iba a meter yo el mío a Natalia, notaria esta la diferencia con el que habitualmente la penetraba; el mástil que tenía entre manos. Pero bueno, no pensé que iba a ser menos goce para ella y me dispuse a penetrar.

La cogí bien de la cintura y empujé, arrancándole lo que deseaba: un gemido. Mi pene estaba a la mitad del sexo y su gemido me dio ansias por penetrarla del todo y proporcionarle un favor. Así lo hice y empecé a follarla. A cada embestida mía ella gemía y tenía que controlarse bien para que no se le escapara el pene de su padre. Tenía Natalia entre manos un rabo de más de un palmo. Como que mis embestidas no le permitían chuparlo, lo masturbaba con ambas manos.

Dijo Juan: venga Natalia, dedícate a Roberto que es su primer día contigo. Diciendo esto Juan se levantó y conectando la tele, se sentó aún desnudo, en el otro sofá. Natalia se giró de la posición de lado en que estaba y se puso estirada mirando para arriba. Mirándome a mí para gozar totalmente de ese primer polvo que estábamos pegando. Mi pene trataba de dar todo lo que de si pudiera y entraba y salía totalmente de una Natalia que a juzgar por sus gemidos también se lo estaba pasando bomba como yo.

Juan no nos había abandonado totalmente, nos miraba mientras se la cascaba. ¿Estaría dispuesta otra intervención suya en lo que restaba del polvo? La pregunta que pensé recibió respuesta rápida. Juan se levantó para acercarse y me dijo que me levantara también que íbamos a hacer una cosa muy guapa. Me contó que íbamos a penetrar a Natalia los dos a la vez. Yo por la vagina y él por el ano.

Y en que posición nos vamos a poner? Estírate en el sofá y que Natalia te monte, yo la penetraré por detrás al mismo tiempo. Así me puse, me tumbé en el sofá y Natalia atenta me montó introduciéndose el pene en la vagina. Sin esperar a nada Natalia empezó a follarme para no desaprovechar ni un segundo de esa orgía de la que disfrutaba. Lo hacía verdaderamente de maravilla. Yo solo tenía que cogerla de la cintura y ni tan solo esto era necesario, comprobé, y dediqué mis manos a amasar esos pechos que botaban justo encima de mí. Juan le dijo a Natalia que se detuviera un momento que se disponía a introducirle el pene por detrás.

Unos segundos más de maña arrancaron un gritito de Natalia pues le acababa de introducir ese mástil de carne por el trasero. Al principio llevó, lentamente, las riendas Juan. Que para estimular el ano de Natalia lo hizo primero con pausa. Natalia no se movía ni un milímetro y yo proseguí mi mete-saca de su sexo botando yo debajo suyo.

El movimiento recuperaba la velocidad paso a paso y conseguimos recuperarla del todo con Natalia gritando a todo pulmón. Oooooooh, oooooooh. Pocas personas en el mundo consiguen, algún día, el placer que en esos momentos estaba recibiendo Natalia. Yo también me lo estaba pasando como nunca. Estaba en la situación de sexo más morbosa que había vivido en mi vida. ¿Me voy a correr: pregunté. ¿No pasa nada? No: dijo Juan. Echa toda la leche que quieras dentro de mi hija.

Así lo hice y agarrando con fuerza la cintura de Natalia descargué, sifón a sifón, toda la calentura que llevaba acumulada desde hacía tiempo. Yo acabé antes que Juan. Que seguía impasible su penetración entrada por entrada del trasero de Natalia, que una vez salí yo.

Moderó un poco los bestiales gemidos que profería. Mi espíritu sensual estaba totalmente calmado y dejé de interesarme por el polvo. Me senté en el otro sofá y me puse a ver la tele. No se me hizo largo y acabé oyendo los gemidos de Juan, indicando que llegaba también a su orgasmo.

Nos vestimos todos menos Natalia que se fue a ducharse para quedar, como mujer que es, bien limpia.

¿Que te ha parecido, Roberto ? me dijo Juan. Le contesté: fenomenal, ¿haces esto a menudo ? Me explicó que no tan a menudo pero que no era la primera vez que se follaba a su hija en compañía de un amigo. ¿Y tu mujer lo sabe? pregunté. Contestó: si que lo sabe, es más, alguna vez ella ha participado en la orgía. ¿Te gustaría follar con ella? Dije: Si, tu mujer me gusta.

Me contestó: pues eso está hecho, la próxima vez que vengas a visitarme follarás con ella.

Esto en otro relato…

Autor: Sombrero

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