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Con mi sobrino


El verano pasado estábamos en la pileta de mi hermano, solos, mi sobrino, de 19 años, y yo, que tengo 29. El, con una malla diminuta que se había traído de Brasil y yo con una de mis mínimas bikini con tanga, que son las que me gustan y uso siempre.

Me miraba mucho, lo noté, y de golpe me dice: ¿sabés que me gustan las mujeres más grandes que yo?, le pregunté porque, ya que entre las chicas jóvenes las hay muy bonitas y atractivas, conozco a varias de sus amigas y me contestó que las mujeres más grandes son menos apuradas, más sensuales, menos egoístas y más dispuestas a disfrutar de los momentos.

Cuando lo interrogué si ya había tenido algunas experiencias me contó que si, que varias, y entre ellas una con una señora del interior que estaba de paso con la que pasó un fin de semana en un hotel, como pareja y que esta había sido una de las mejores referencias que había tenido. Curiosa, pregunté por las otras y me confesó que varias, inclusive con las madres de dos amigos. Se imaginan mi sorpresa, este sobrino mío no le dice a nada que no, me dije, sale a la tía. La verdad, que esta charla me calentó, seguimos un rato largo con el tema, él interesado en saber si me justaban los jóvenes, traté de ser evasiva pero no se lo pude negar y así hasta que llegó la familia.

Días después llaman por el portero en mi casa. Es mi sobrino y me pregunta si puede subir. Le pedí que me esperara, que me estaba vistiendo, acababa de salir del baño cuando me dice que le abren, que no bajara. No me dio tiempo a nada, así que lo recibí en mi salida de baño y secándome el pelo y cuando le ofrecí café me propuso que nos tomáramos un whisky, que tenía ganas.

Los preparé y mientras tomábamos nuestros tragos yo seguía secándome el pelo hasta que él, gentil, me dijo que lo dejara ayudarme. Acepté, le di el secador y mientras me secaba me acariciaba el cuello y de a poco me abría la salida en la espalda hasta que me dio un beso en la nuca, metió su mano y comenzó a acariciarme un pezón y a pasar su lengua por mi cuello. Y ya me puso mal y siguió.

Comenzó a besarme una teta y a morderme suavemente y lamerme mi pezón, me soltó el cinturón y llevó su mano a mi cosita, acariciándome suavemente, pero muy bien. Ya mi salida estaba totalmente abierta, yo recaliente, se arrodilló, me abrió las piernas y comenzó a comerme, a recorrer mi tajo con su lengua, a jugar con mi clítoris y sus labios y me introdujo un dedo. Sin dejar de comerme se fue desnudando y apenas pudo se paró y puso su pija que estaba divina en mis labios y por supuesto que comencé a chupársela con desesperación.

Me tomó de la mano y me llevó hacia al dormitorio, ya los dos desnudos caímos en la cama y allí nos soltamos. Me lo comí todo, lo gusté íntegro, me lo lamí entero, entero, no le perdoné ni la cola y él me hizo lo mismo, un maestro, ¡rebien enseñado el mocoso! Como quería tenerlo un buen rato le puse uno de mis anillos sexuales y lo galopé, sintiendo su pija dentro mío y llegando bárbaro hasta que él me puso de rodillas y me dijo que quería mi cola. No podía decirle a nada que no, se la chupé un poco para sentir mi gusto, se la lubriqué y me garchó por el culo como un maestro mientras yo me masturbaba, con lo que tuve una llegada memorable. Luego me dio todo en mi boca y en mi cara, me bañó, disfruté su leche como la perra que soy y terminamos un beso muy pero muy apasionado.

Estas visitas se han seguido repitiendo y él me hizo descubrir que es un sensual como su tía. Comenzó preguntándome si alguna vez yo había hecho un trío. No se lo negué. Me dijo que tenía ganas de hacerlo, pero que no había tenido aún oportunidad y que había pensado en una de mis amigas, que él conoce y que se le ocurría que sería ideal para una fiesta así. Me resultó un gran observador, mi amiga es materia dispuesta para todo y con ella hacemos cualquier cosa.

Lo cierto es que me apuró, la verdad, a mi me vinieron las ganas, primero me hice la difícil pero después quedé en hablar con ella. Mi amiga ya sabía de mi relación con mi sobrino y hasta me había propuesto compartirlo, como hemos hecho con otros amantes de ambas, por lo que apenas se lo propuse aceptó encantada, a mi sobrino le dije que la invitaría a casa junto con él a ver que pasaba, ya que él me había metido la idea en la cabeza.

El día de la reunión llegó con un DVD en la mano, nos sentamos a tomar una copa en mi sillón, mi amiga entre los dos y al momento él dice que tenía un video porno que bajó de esta misma página, si queríamos verlo. Por supuesto que aceptamos y era de un trío. Apenas comenzaron a tocarse los actores él dijo que parecíamos nosotros tres y a decirme porqué no hacía lo mismo con mi amiga, mientras él ya estaba manoseándola a ella.

Yo lo seguí y me dediqué a mi amiga, que poco se negó, por lo que entre la película y nuestras calenturas estábamos los tres toqueteándonos a gusto y mi amiga dando grititos, como hace siempre, e inmediatamente los tres estábamos desnudos en la cama. El me impulsaba hacia mi amiga, lo que no era necesario, la que disfrutaba como loca con nuestras caricias y nuestras bocas y manos.

¡Que trío hicimos! ¡De los mejores! Me encantó comerme a mi amiga delante de mi sobrino, mamármela toda, escuchar cómo me alentaba a hacerlo y me decía que quería que le hiciera.
Haciendo un 69, ella arriba mío, comerla mientras él la cogía y recibir los jugos de mi amiga y mi adorado sobrinito sacaba su pija, me la daba a chupar y volvía a ponerla, así una y otra vez hasta que ella tuvo un orgasmo brutal acompañado de una lluvia dorada que recibí y disfruté deseando que llegara mi turno.

Inmediatamente, ocupé el lugar de mi amiga, cabalgué como me gusta a mi sobrino y la muy puta se puso el consolador de cintura que usamos nosotras con lo que entre los dos me dieron una doble penetración que me mató de gusto. Después que yo llegué no se cuantas veces nos comimos los tres, gustamos todos nuestros jugos mezclados, casi fue el postre de una orgía sensacional, el postre llegó cuando él, recordando mi placer al recibir la lluvia dorada de mi amiga, nos propuso mojarnos juntos con nuestros pises ¡y lo hicimos!, nos bañamos unos a los otros, los tres juntos, sintiendo el calor, el gusto de nuestros orines, esos chorros calientes en los pechos, las cucas y también, debo reconocerlo, en nuestras bocas.

Cuando se despedía me dijo “te voy a venir a visitar con un amigo”, se sonrió y me dio un beso. Y lo hizo, ya les contaré.

Autora: Malu

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